Puede que el verano sea ideal para las vacaciones, pero para los animales supone una dura prueba. El estrés térmico reduce el consumo de pienso y la producción de leche, debilita el sistema inmunitario y afecta a la rentabilidad. Cuando los animales tienen dificultades para refrescarse, la energía se desvía de los procesos de crecimiento, producción y recuperación.
Nuestras soluciones alimenticias están diseñadas para ayudar a los animales que sufren estrés térmico, contribuyendo a mantener el equilibrio oxidativo, la resistencia intestinal y la asimilación de nutrientes, de modo que el rendimiento se mantenga más estable durante los periodos de calor.
El estrés térmico afecta a todo el organismo. A medida que disminuye la ingesta, los animales también pueden experimentar alteraciones en la digestión, un aumento de la carga inflamatoria y una menor resistencia. En la práctica, el estrés térmico suele provocar:
Cuanto antes actúes, más fácil será limitar las pérdidas.
Las distintas especies muestran el estrés térmico de forma diferente, pero los patrones suelen ser los mismos. Entre los signos típicos se incluyen:
Si aparecen estos síntomas, es hora de revisar la ventilación, la densidad de población, el suministro de agua y las rutinas de alimentación, y de incorporar un apoyo nutricional que ayude a los animales a soportar la carga térmica.
Nos centramos en reforzar la salud de los animales desde dentro cuando las condiciones externas son difíciles de controlar. Nuestros conceptos de alimentación se han desarrollado para:
Si se combina con unas prácticas de gestión adecuadas, una alimentación específica puede facilitar la gestión de los periodos de estrés térmico y acelerar la recuperación.